APRENDE EN FAMILIA

Aprendiendo Juntos: Padres e Hijos

Sabemos que criar a una familia puede ser un reto lleno de incertidumbres y decisiones importantes.

“Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas” Sigmund Freud

Psicoterapia integrativa relacional y centrada en el trauma.

El nacimiento de nuestro segundo hijo

Recuerdo bien el momento en el que nació mi segundo hijo. Si te digo la verdad, no lo recuerdo tan bien. Lo que recuerdo son momentos puntuales. Mi mujer y yo ya teníamos una hija de catorce meses. Este iba a ser el segundo. Y por las reacciones de amigos y familiares, recibíamos el mensaje subliminal de que era poco tiempo ese que se iban a llevar entre los dos hermanos.

Segundos que parecieron horas

Recuerdo el momento, esperando a poder entrar al paritorio. Primero me tuvieron ahí, unos minutos creo, tal vez fueran segundos, en una pequeña antesala, con unos patucos de plástico y un gorro. Menos mal que no había espejo. Estoy seguro de que el aspecto era ridículo. Luego, cuando entré, fue todo muy rápido. La verdad es que no sé bien cómo sucedió. En un instante el bebé ya estaba fuera. Creo que tuve el tiempo justo de dar un beso a mi mujer y ver cómo llevaban al bebé a un apartado donde lo pesaron y le contaron los dedos de cada mano y cada pie. Esto me molestó. No sé por qué. Parecía que quisieran buscarle fallos a nuestro hijo. Y me molestó. Porque era nuestro bebé. No tenía ningún fallo. Era perfecto.

De dos a cuatro: nuestra nueva normalidad

En cualquier caso, no estuve mucho tiempo ahí dentro. Todo esto que te cuento pasó en segundos. O eso me pareció. Mi mujer no opina lo mismo. Ahora, desde la distancia, creo que al personal médico no le hacía especial gracia que los padres entráramos al parto. Supongo que debía ser una nueva política de hospital. Eso es lo que sentí. Enseguida alguien, no sé quién, me cogió del brazo y me sacó de ahí. Aún tenían trabajo que hacer. Y salí al pasillo. Con una cara de tonto inmensa. O de felicidad, no lo sé. Una cara que reflejaba, yo no la ví pero sentía que era así, todo tipo de emociones a la vez. Un cóctel emocional que controlaba los músculos de mi rostro sin que yo pudiera hacer nada por dominarlos.
Icono teléfono

Un día que nunca olvidaremos

Menos mal que ya existían los teléfonos móviles y me pude poner un trabajo a mí mismo. Llamar a mi madre y a mi suegra. Mi hijo había nacido, mi mujer estaba bien y ya éramos cuatro en casa. Las primeras horas, esas horas de hospital en las que el tiempo pasa de otra manera, fueron como suelen ser estas horas: enfermeras, recados, café, besos, revistas, enfermeras, llamadas, pañales, más llamadas… Pero esa tarde la vida nos puso a mi mujer y a mí, una imagen negro sobre blanco. Una realidad que nos hizo bajar a tierra y visualizar lo que estaba sucediendo.»

Dos bebés, un nuevo comienzo

Unos amigos, que se habían encargado de nuestra hija mientras nosotros estábamos en el hospital dando la bienvenida al segundo, vinieron de visita. Y lo hicieron con nuestra hija mayor, de catorce meses, que, por cierto, había comenzado a caminar esa misma semana. Y fue ahí, en ese momento, en el que tomamos conciencia de la realidad que estaba frente a nosotros. Teníamos un bebé recién nacido y otro, un poco mayor pero también bebé. El hecho de verlos juntos era como pasar de la sauna a la ducha helada. A partir de ese momento esa era nuestra nueva realidad. Nuestra nueva normalidad.

Un viaje lleno de desafíos

Teníamos por delante un camino largo y lleno de dudas. De situaciones que nos pondrían a prueba a cada momento. Decisiones importantes para las que no estábamos preparados. Pero un camino que sí o sí teníamos que recorrer. Quedarse parado no era una opción. Esto sucedió en el año 2000. Y aunque ahora muchas cosas han cambiado, hay otras que no. La incertidumbre de las madres y los padres sigue estando ahí. Durante el crecimiento de una familia, cómo hacer lo mejor para nuestros hijos e hijas sigue siendo una constante. Desde que son bebés, pero también en la etapa escolar. Porque necesitamos saber cómo ayudar a nuestros hijos, cómo hacer lo mejor para ellos. Y cómo hacerlo bien. Y no siempre lo tenemos claro. A menudo hay que tomar decisiones en poco tiempo, decisiones importantes

Acompañándote en cada etapa

Tanto mi mujer como yo somos maestros. Ahora lo somos los cuatro. Una familia de maestros y maestras. Caprichos de la vida. Y os podemos ayudar a haceros más llano el camino. No os equivoquéis. Lo tenéis que andar vosotros. Pero nos podemos encargar del avituallamiento. Os podemos acompañar para solucionar ciertas dudas de las distintas etapas que vais a vivir.

Experiencia
que inspira

Acompañamiento personalizado

Soluciones para cada etapa

Para que veáis que, a ser madre, se aprende.
Para que comprendáis que, a ser padre, se aprende.
Para que sintáis que se Aprende En Familia.
Aprende en Familia
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.